La tensión en el estrecho de Ormuz ha escalado drásticamente, con un nuevo ciclo de ataques entre Estados Unidos e Irán que pone en jaque la estabilidad de la región. Tras más de seis meses de conflicto, Washington ha reanudado sus bombardeos en territorio iraní, mientras que Teherán responde lanzando misiles y drones contra bases estadounidenses en Medio Oriente.
El reciente cruce de ataques comenzó el 30 de agosto, cuando Estados Unidos lanzó una ofensiva sobre la isla de Larak, acusando a Irán de preparar cohetes para amenazar el tráfico marítimo. Esta acción desencadenó represalias por parte de Irán, que ha denunciado bajas y prometido venganzas en un contexto donde el régimen negocia un acuerdo con Omán sobre el tránsito en Ormuz.
Con el petróleo acercándose a los 100 dólares por barril, la situación económica global se ve amenazada, ya que Ormuz es crucial para el tránsito de una quinta parte del crudo mundial. Además, Israel ha intensificado su retórica contra Irán, sugiriendo la posibilidad de un ataque más contundente contra el régimen persa ante su aparente debilidad.
Mientras tanto, la incertidumbre se cierne sobre el futuro del estrecho, donde el flujo de petróleo se ha visto comprometido por los recientes eventos. Las próximas horas son cruciales, ya que tanto Estados Unidos como Irán parecen dispuestos a seguir intensificando sus acciones, lo que podría acentuar aún más la crisis en la región.



