Cada día, muchos universitarios enfrentan una rutina extenuante que comienza antes del amanecer. Estos jóvenes, principalmente de clases media y media baja, equilibran largas jornadas laborales con horas de estudio y tareas, dejando poco espacio para el descanso. La psicóloga Heidy Camilo advierte que este ritmo puede tener graves repercusiones en su salud mental, más allá del simple cansancio físico.
El fenómeno del «workaholic» se vuelve común al combinar trabajo y estudios, lo que lleva a un estado constante de alerta. Esta situación no solo genera agotamiento, sino que también altera la forma en que los estudiantes valoran su identidad, encontrando su valía en lo que hacen y no en quiénes son. Camilo menciona que muchos sienten culpa por no estar siempre productivos, lo que agrava el problema.
Las primeras señales de alerta incluyen el agotamiento físico y mental, alteraciones en el sueño y la pérdida de interés en actividades antes placenteras. Si el trabajo se convierte en el único tema de conversación y se siente que no hay tiempo para descansar, es crucial buscar ayuda profesional. Camilo enfatiza que es fundamental revalorar el concepto de productividad y darse permiso para relajarse.
Mientras tanto, las estadísticas muestran que no todos los estudiantes logran culminar sus estudios universitarios. Según el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), ha habido un incremento en el acceso a la educación superior, pero la tasa de egreso sigue siendo preocupante, con cifras que revelan que muchos no logran graduarse. Este contexto resalta la necesidad de encontrar un equilibrio entre la vida académica y el bienestar emocional, en un entorno que exige cada vez más.




