La miopía magna se ha convertido en un desafío creciente para la salud visual, especialmente cuando las dioptrías superan las seis. Este es el caso de Xavier Pàmies, quien experimentó complicaciones serias, como desprendimiento de retina y glaucoma, tras ser diagnosticado con un problema de visión que parecía común. En una consulta con sus doctoras en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, Xavier compartió su experiencia, destacando que su limitada visión periférica le impide realizar actividades cotidianas como conducir un camión de basura.
Desde el inicio del siglo XXI, la miopía ha aumentado notablemente; se estima que para 2050, la mitad de la población mundial será miope. Este error refractivo provoca que las imágenes se enfoquen antes de llegar a la retina, afectando así la visión de objetos lejanos. La miopía se clasifica en leve, moderada y magna, siendo esta última la más preocupante, ya que puede derivar en problemas severos como el glaucoma, que afecta el nervio óptico por presión ocular alta.
El recorrido de Xavier comenzó en 2007, cuando sufrió un desprendimiento de retina durante unas vacaciones. Aunque fue tratado a tiempo, en 2020, durante la pandemia, un nuevo diagnóstico reveló un glaucoma avanzado. Gracias a un drenaje ocular, la presión se ha controlado, permitiéndole llevar una vida relativamente normal, aunque aún enfrenta limitaciones visuales.
La Unidad de Miopía del Vall d’Hebron, creada en 2024, se enfoca en unir esfuerzos entre especialistas en retina y glaucoma para ofrecer un tratamiento más integral a los pacientes. Con más de 200 casos atendidos, el objetivo es detectar y tratar estas complicaciones a tiempo, mejorando así la calidad de vida de quienes padecen esta condición. La necesidad de un diagnóstico temprano es fundamental para evitar la pérdida de visión en etapas avanzadas.




