En Estados Unidos, el sarampión ha alcanzado cifras alarmantes, con 2,566 casos reportados y 38 brotes en lo que va de 2026, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Este aumento marca el nivel más alto de contagios desde 1991, un hecho preocupante considerando que aún queda un cuarto del año por delante.
La cifra actual representa un incremento de casi 250 casos respecto al informe del 24 de julio, cuando se contabilizaban 2,318. La situación es aún más grave al compararlo con el total de 2,289 casos registrados durante todo el 2025, lo que indica un preocupante segundo récord anual consecutivo desde que la enfermedad fue considerada erradicada en el país en el año 2000. El 93% de los infectados son personas no vacunadas, siendo los más afectados niños y jóvenes de 0 a 19 años.
Los brotes se han diseminado en 47 estados, con Carolina del Sur, Utah y Pensilvania liderando las cifras de contagio. Esta crisis de salud pública se produce en un contexto donde la vacunación entre niños en edad preescolar ha disminuido, pasando del 95,2% en el ciclo escolar 2019-2020 al 92,5% en 2024-2025, lo que deja a 286,000 niños en riesgo. La inmunidad colectiva requiere que más del 95% de la población esté vacunada, algo que solo se ha logrado en ciertos estados.
A pesar del aumento en los casos, este año no se ha reportado ninguna muerte por sarampión en Estados Unidos, a diferencia de los tres decesos confirmados el año pasado. La situación se ve complicada por recientes políticas que han cuestionado la necesidad de ciertas vacunas, lo que podría agravar la crisis. Los CDC continúan monitoreando la situación, pero la preocupación por la salud pública se hace evidente ante el creciente número de contagios.




