El Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) ha reportado un alarmante aumento en el brote de ébola, con 893 muertes y 2,267 casos confirmados hasta el 17 de julio. Esta crisis sanitaria se declaró el 15 de mayo en el este del país, donde la situación se ha vuelto crítica, especialmente en la provincia de Ituri, epicentro de la epidemia.
Según el último boletín del Ministerio de Comunicación y Medios, la tasa de letalidad del virus se sitúa en un preocupante 39,4 %. En la actualidad, hay 722 pacientes bajo aislamiento o hospitalización, mientras que 444 han logrado recuperarse. La vigilancia y el rastreo de contactos han sido reforzados, alcanzando una tasa del 83,6 %.
La propagación del virus ha llevado a que Uganda, país vecino, también se vea afectado, aunque el último paciente ingresado fue dado de alta recientemente. En total, Uganda ha registrado 20 contagios, la mayoría importados de la RDC, con dos fallecimientos relacionados. La OMS ha calificado el riesgo de expansión del brote como «alto» en África subsahariana, lo que genera preocupación entre los países de la región.
Este brote ya es considerado el tercero más mortal en la historia del ébola, superado solo por las epidemias de África Occidental y el este del Congo en años anteriores. La cepa de Bundibugyo, responsable de esta crisis, no cuenta con vacuna ni tratamiento específico, lo que complica aún más la situación. A medida que continúan los esfuerzos para controlar la epidemia, la comunidad internacional permanece atenta a las nuevas actualizaciones sobre el avance del virus.




