En el Distrito Nacional, la tala de árboles se ha convertido en una constante que afecta la disponibilidad de sombra para los ciudadanos. Personas utilizando motosierras desde grúas cortan troncos y ramas de árboles que anteriormente ofrecían refugio contra el intenso sol.
Esta práctica repetida diariamente elimina espacios naturales que servían como resguardo para quienes transitan por las calles bajo condiciones climáticas adversas. La pérdida de estos árboles impacta en el confort y bienestar de la población que depende de estas áreas verdes para mitigar el calor.
Aunque no se especifican las razones oficiales detrás de la tala, la acción genera preocupación por la disminución de zonas sombreadas en la ciudad, lo que podría influir en la calidad de vida urbana y el medio ambiente local.



