Recientemente, Mario Hernández, presidente del Comité para Tecnologías Digitales Nuevas y Emergentes del Consejo de Europa, alertó sobre una tendencia preocupante en la industria de la inteligencia artificial (IA). Según él, algunos líderes del sector están utilizando narrativas apocalípticas sobre el futuro de la humanidad como parte de una estrategia para influir en la regulación de sus actividades y adaptarlas a intereses comerciales específicos.
Hernández, en una entrevista con EFE, calificó de «capciosas» las solicitudes para frenar el desarrollo de la IA. Cuestionó la lógica de los directivos que, si realmente creen que sus productos son peligrosos, deberían detener su producción en lugar de solo emitir advertencias. Aseguró que si se está fabricando un producto que podría ser perjudicial, la respuesta debería ser su paralización inmediata.
A pesar de reconocer los riesgos que la IA puede representar en áreas críticas como la seguridad nacional, el jurista también destacó sus beneficios en campos como la medicina personalizada y la robótica. En este sentido, hizo hincapié en la necesidad de un marco regulatorio sólido, como el Convenio Marco sobre Inteligencia Artificial, que busca asegurar un avance tecnológico responsable, manteniendo la supervisión humana y el respeto a los derechos fundamentales.
La situación actual plantea un dilema sobre cómo equilibrar la innovación tecnológica con la seguridad pública. La comunidad internacional seguirá de cerca los desarrollos en esta área, ya que la regulación efectiva de la IA podría tener un impacto significativo en su evolución y en la protección de los derechos de los ciudadanos.



