Los líderes financieros del G20 cerraron el martes su cumbre de dos días marcada por la controversial participación de Rusia. A pesar de la presencia del ministro de Finanzas ruso, Anton Siluanov, la mayoría de los países respaldaron la declaración final, excepto China, que se desmarcó de algunos puntos clave. Este encuentro, celebrado en Asheville, Carolina del Norte, se desarrolló en un clima de tensión debido a la guerra en Ucrania y las recientes decisiones económicas de Estados Unidos.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, defendió la inclusión de Rusia en las conversaciones, argumentando que la mayoría de los participantes no vieron un impacto negativo en las discusiones. Sin embargo, aliados europeos de Ucrania mostraron su descontento, especialmente tras la recepción de Siluanov en un momento tan delicado. La guerra en Oriente Medio y los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump también marcaron la agenda del encuentro.
Durante la cumbre, se emitió una declaración sobre la necesidad de garantizar la navegación segura en el estrecho de Ormuz, aunque este punto fue rechazado por China. Además, la presencia de Siluanov provocó incomodidad entre varios funcionarios europeos, quienes recibieron el aviso de su participación con muy poca antelación. El comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, enfatizó que no es el momento adecuado para normalizar relaciones con Moscú.
Las conversaciones sobre la situación en Ucrania también continuaron en paralelo, con un incremento de ataques rusos en Kiev. A medida que se acercan las cumbres de líderes del G20 y del Grupo de los Siete, la presión sobre Rusia y la situación en Oriente Medio seguirán siendo temas centrales de discusión. Las reacciones a la cumbre aún se están desarrollando y muchos esperan que se tomen medidas concretas en los próximos días.



