Bolivia ha puesto en marcha un ambicioso plan de seguridad en Guayaramerín, ciudad fronteriza con Brasil, con el objetivo de combatir el narcotráfico y la creciente influencia de grupos criminales brasileños. Este esfuerzo surge en respuesta a la violenta disputa entre las bandas Primeiro Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV), que están luchando por el control de rutas de tráfico de cocaína, lo que ha resultado en un alarmante incremento de crímenes en la región.
El plan, denominado Fronteras Seguras, incluye el aumento de la presencia policial en las áreas limítrofes y la creación de un sistema de intercambio de inteligencia con la Policía Federal de Brasil. Según el presidente Rodrigo Paz, esto es vital para asegurar que ambas naciones trabajen de la mano en la lucha contra el crimen organizado, fomentando una colaboración que permita la captura de delincuentes que operan en ambos lados de la frontera.
Las autoridades bolivianas han señalado que Guayaramerín es un área de refugio para estos grupos, donde han establecido bases y adquirido propiedades. Esta situación ha llevado a la ejecución de al menos diez asesinatos atribuidos a sicarios en las últimas semanas, un fenómeno inusual en un país de aproximadamente 11,3 millones de habitantes. Desde que asumió el poder en noviembre, el gobierno ha logrado la captura y expulsión de 17 líderes de organizaciones criminales internacionales.
Bolivia, que ocupa el tercer lugar en producción mundial de cocaína, comparte con Brasil una extensa frontera de 3,400 kilómetros. Con el nuevo plan, las autoridades esperan no solo frenar la violencia, sino también mejorar la seguridad en las comunidades afectadas y colaborar más estrechamente con sus vecinos para abordar este serio problema de manera efectiva.



