El presidente colombiano Gustavo Petro llegó este viernes a La Habana en su última visita oficial, un gesto simbólico de apoyo a lo que él denomina «la Cuba agredida» por Estados Unidos. Su aterrizaje, a las 19:00 hora local, fue recibido por la viceministra de Exteriores, Josefina Vidal, y enseguida se dirigió al Palacio de la Revolución para reunirse con el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel.
Petro eligió Cuba como su último destino, argumentando que la isla es esencial para la soberanía nacional y la lucha por la vida en el Caribe. En redes sociales, expresó su oposición a la guerra en la región, afirmando que «ni los misiles ni la invasión son soluciones» a los problemas del mundo. La Cancillería cubana confirmó que ambos presidentes discutirán los avances en las relaciones bilaterales, enfocándose en economía, inversión y cooperación.
Este viaje, que marca el cierre de su mandato, resalta la sintonía política que ha existido entre Colombia y Cuba durante su administración. A la vez, representa un distanciamiento de su sucesor, Abelardo de la Espriella, quien planea cerrar la embajada colombiana en La Habana y romper vínculos diplomáticos. Cuba ha sido un referente político para Petro y su gobierno, quien ha buscado recuperar el diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la isla.
A medida que Petro se prepara para regresar a Colombia, La Habana podría perder uno de sus últimos aliados en América Latina, donde se observa un giro hacia la derecha. De la Espriella ha manifestado su intención de desmantelar los esfuerzos de paz, lo que deja un futuro incierto sobre las relaciones entre ambos países. El viaje del presidente colombiano se convierte así en un acto de resistencia en un contexto de creciente aislamiento para la isla.



