El gobierno de Nicaragua emitió una firme respuesta a la Unión Europea, afirmando que no es «súbdito» ni «vasallo» de ninguna potencia extranjera. Esta declaración surge tras el pronunciamiento de los 27 Estados miembros que condenaron lo que consideran una «represión sistémica» en el país y exigieron elecciones «transparentes y creíbles».
La Cancillería de Nicaragua, en un comunicado titulado «No somos súbditos», rechazó las críticas de la UE, calificándolas de injerencistas e imperialistas. La respuesta se produce en un contexto donde el presidente Daniel Ortega propuso la eliminación de las elecciones, lo que ha generado preocupación internacional y cuestionamientos sobre la democracia en Nicaragua.
Ortega, quien ha estado en el poder desde 2007, ha enfrentado acusaciones de fraude electoral y la eliminación de la competencia política. Durante la conmemoración del 47 aniversario de la revolución sandinista, el mandatario afirmó que no se permitirán más elecciones que puedan poner en riesgo su gobierno, provocando un rechazo significativo tanto en el ámbito nacional como internacional.
Por su parte, el líder del Parlamento, Gustavo Porras, aseguró que sí se celebrarán elecciones, pero bajo un nuevo marco constitucional que proteja el proceso de cualquier injerencia extranjera y de los «traidores a la patria». La situación política en Nicaragua continúa siendo tensa, y se espera que se presenten más detalles sobre las reformas electorales propuestas por el gobierno ante los embajadores acreditados en el país.



