Las enfermedades inflamatorias intestinales, que abarcan la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, son condiciones crónicas que pueden tener un impacto devastador en la salud de quienes las padecen. Consideradas como enfermedades catastróficas, requieren atención médica constante y un seguimiento riguroso debido a su severidad y los recursos económicos necesarios para su tratamiento adecuado.
La doctora Ivelisse Liliana Jiménez, gastroenteróloga internista de Cedimat, subraya la importancia de identificar síntomas como el sangrado en las deposiciones, dolor abdominal intenso y evacuaciones diarreicas frecuentes. Estos signos, que pueden durar más de un mes y que también incluyen pérdida de peso inexplicable, son cruciales para un diagnóstico temprano, especialmente en niños, donde pueden asociarse a retrasos en el crecimiento.
Ambas enfermedades son más prevalentes en jóvenes, aunque también pueden presentarse en personas mayores de 60 años, donde suelen ser menos agresivas. Sin embargo, en estas últimas, el tratamiento puede complicarse debido al uso de múltiples medicamentos y a la presencia de otras condiciones de salud, principalmente cardiovasculares. Factores como el uso de antibióticos en la infancia, partos por cesárea y el consumo de alimentos ultraprocesados han sido identificados como posibles desencadenantes en personas genéticamente predispuestas.
El manejo de estas patologías no solo involucra al gastroenterólogo, sino que requiere un enfoque interdisciplinario, ya que pueden afectar no solo el intestino, sino también otros órganos. La colonoscopia es fundamental para el diagnóstico y seguimiento, dado que aumenta el riesgo de cáncer de colon en estos pacientes. Se estima que la incidencia de estas enfermedades está aumentando en América Latina, atribuida a cambios en la dieta y el estilo de vida, lo que resalta la necesidad de mejorar el acceso a diagnósticos y tratamientos adecuados.



