En un mundo lleno de demandas laborales, familiares y sociales, el estrés se ha vuelto una constante en nuestras vidas. Sin embargo, no todo tipo de estrés es dañino; existe una forma positiva conocida como eustrés, que puede ser clave para mejorar nuestro desempeño en diferentes áreas. Este término, introducido por el endocrinólogo húngaro Hans Selye en los años 70, se refiere al estrés que nos motiva y nos impulsa a alcanzar nuestras metas.
La psicóloga deportiva Sarah Williams explica que, mientras el estrés negativo, o distrés, está asociado con problemas de salud y bienestar, el eustrés puede ser beneficioso. Este tipo de estrés puede surgir en situaciones desafiantes, como una competencia deportiva, donde la presión puede llevar a un atleta a rendir mejor que en un entrenamiento normal. La clave está en cómo percibimos estos desafíos y nuestra capacidad para enfrentarlos.
La neurocientífica Anne Laure Le Cunff compara el eustrés y el distrés con el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, donde el primero representa el lado positivo y controlado del estrés. En contraste, el distrés activa respuestas físicas que pueden dificultar nuestro enfoque y rendimiento. La percepción que tenemos del estrés influye en cómo lo manejamos, y si vemos un desafío como una oportunidad, podemos transformarlo en una experiencia positiva.
A medida que comprendemos mejor cómo interactuar con el estrés, podemos mejorar nuestra productividad y bienestar. A través de la educación y técnicas como la visualización, podemos aprender a asociar situaciones estresantes con resultados positivos. Así, en lugar de huir del estrés, podemos aprender a utilizarlo en nuestro beneficio, impulsando nuestra motivación y concentración.



